
Acto tercero, escena primera.
[...]
TITANIA. -Te ruego, gentil mortal, que cantes de nuevo; tus cantos han cautivado mi oído. Asimismo los
ojos se han enamorado de tus formas, y la fuerza de tu brillante mérito me obliga a decirte, a jurarte que te
amo.
LANZADERA. -Me parece, señora, que no tenéis motivo para ello. Pero a decir verdad, en el tiempo que
vivimos, la razón y el amor rara vez van juntos. Es mucha lástima que algún vecino honrado no se proponga
reconciliarlos.
[...]
TITANIA. -No desees salir de este bosque; te quedarás aquí, quieras o no. Soy un espíritu de orden
superior. La primavera está a mis órdenes y yo te amo. Ven, pues, conmigo; te daré hadas y genios para
servirte; te irán a buscar joyas en el fondo del mar. Durmiéndote en un lecho de flores, mis cantos mecerán
tu sueño; y de tal suerte purificaré los groseros elementos de tu naturaleza mortal, que tendrás la elasticidad de un espíritu aéreo. ¡ Chicharillo, Telaraña, Polilla, Mostaza!
Entran cuatro HADAS.
CHICHARILLO. -Aquí estoy.
TELARAÑA. -Y yo.
POLILLA. -Y yo.
MOSTAZA. -Y yo.
LAS CUATRO. -¿Adónde hemos de ir?
TITANIA. -Sed benévolos y corteses con este mortal; saltad y bailad en su presencia; nutridle de
albaricoques y frambuesas, uvas moradas y verdosos higos maduros. Quitad a las abejas los dardos llenos de miel; recoged sus alvéolos impregnados de cera y haced con ella antorchas, que encenderéis en el ojo
radiante de la luciérnaga para alumbrar a mi muy amado al levantarse y al acostarse. Y arrancad las alas
multicolores de las mariposas para hacer un abanico que aparte de sus dormidos ojos los rayos de la Luna.
Inclinaos ante él, silfos y rendidle homenaje.
CHICHARILLO. -¡Salve!...
TELARAÑA. -¡Salve!
POLILLA. -¡Salve!
MOSTAZA. -¡Salve!
LANZADERA. -Con toda sinceridad os doy mil gracias. ¿Qué nombre es el vuestro?
TELARAÑA. -Telaraña.
LANZADERA. -Me alegraré de trabar con vos más íntimo conocimiento, señor Telaraña; y si alguna vez
me ocurre cortarme el dedo, me tomaré la libertad de recurrir a vos... ¿Vuestro nombre, honrado hidalgo?
CHICHARILLO. -Chicharillo.
LANZADERA. -Os ruego que tributéis mis respetos a la señora Calabaza, vuestra madre, y a vuestro padre el señor Guisante. Me alegraré también de cultivar vuestro conocimiento... ¿Vuestro nombre, señor, si os place?
MOSTAZA. -Mostaza.
LANZADERA. -Señor Mostaza, conozco perfectamente vuestra paciencia. Ese cobarde y gigantesco Rosbif ha devorado muchos vástagos de vuestra familia. Os aseguro, que los de vuestra raza me han hecho a menudo venir las lágrimas a los ojos. Mucho deseo cultivar vuestra amistad, señor Mostaza.
TITANIA. -Vaya, poneos a su servicio; llevadle a mi vergel. Me parece que la Luna nos mira con ojos húmedos; y cuando vierte lágrimas, todas las florecillas lloran también, llevando el luto de alguna virginidad forzada. Encadenad la lengua de mi muy amado; llevadle en silencio.
(Salen.)
Fin de la escena segunda, acto tercero.
Shakespeare.